Un estudio reciente de la Universidad de California en San Diego mostró que más del 8% de estudiantes de primer año requieren apoyo adicional en matemáticas básicas, incluso con calificaciones altas. Este dato ha llamado la atención porque refleja un desafío común en muchos sistemas educativos, incluido el nuestro: cómo garantizar que el aprendizaje formal se traduzca en habilidades que acompañen a las personas a lo largo de la vida.
Más allá de su dimensión técnica, este tema toca cuestiones de autonomía, bienestar y movilidad social. Las competencias básicas no son un lujo; son las herramientas con las que cada joven interpreta su realidad, toma decisiones y construye oportunidades.
Los desafíos se agravan cuando se cruzan con contextos de vulnerabilidad social. Ahí es donde las brechas educativas se vuelven también brechas económicas, digitales y de participación ciudadana. Comprender esto es el primer paso para pensar soluciones duraderas.
Hacia una visión de largo plazo
Los estudios nacionales e internacionales coinciden en que los sistemas educativos que prosperan comparten un rasgo común: continuidad. Son políticas que no se reinventan cada sexenio, sino que maduran, aprenden y se adaptan. Pensar en educación desde una perspectiva de planeación implica mirar más allá de los ciclos escolares, integrar información y evidencia de largo alcance, promover el diálogo entre instituciones, comunidades y actores sociales, reconocer las diferencias territoriales y atenderlas de manera diferenciada, así como aprender de experiencias locales e internacionales. No se trata de imponer un modelo, sino de asegurar que las decisiones educativas tengan horizonte, infraestructura y capacidad de evaluación.
El valor de la colaboración
La educación involucra al sistema escolar, pero trasciende sus fronteras. Las familias, los sectores productivos, las comunidades, las instituciones de investigación y los gobiernos locales juegan un papel clave. La planeación puede ser un espacio para articular a estos actores en torno a metas compartidas mediante una mejor integración territorial de las políticas públicas, información accesible para todos, procesos más coordinados entre instituciones e iniciativas que respondan a realidades diversas. La intervención educativa, vista desde afuera del aula, es un proyecto colectivo.
La oportunidad que tenemos enfrente
Cerrar brechas no solo mejora indicadores escolares: transforma trayectorias de vida. Cada joven que cuenta con habilidades para comprender información, organizar sus recursos o participar en lo público tiene más posibilidades económicas, mayor acceso a oportunidades, mayor capacidad para tomar decisiones informadas y menos riesgo de exclusión social. A nivel país, esto se traduce en productividad, cohesión social y desarrollo.
Lo que sí sabemos
Las investigaciones han mostrado que los sistemas educativos que avanzan recogen evidencia para orientar políticas, reconocen diferencias territoriales, fortalecen la formación docente de manera continua, desarrollan estrategias flexibles para apoyar a estudiantes con trayectorias diversas y construyen acuerdos de largo plazo. Esto no es una receta. Es un recordatorio de que los cambios educativos implican visión, tiempo y voluntad colectiva.
Mirar hacia adelante
México tiene diagnósticos, experiencias valiosas y una enorme capacidad humana en su comunidad educativa. Lo que está en juego ahora es pasar del análisis a la construcción de una visión de futuro, donde la educación pública sea entendida como una estrategia integral de desarrollo, no solo como un servicio. El rol de la planeación es justamente ese: conectar información, actores y objetivos; pensar en el largo plazo; y asegurar que los esfuerzos se mantengan, evolucionen y rindan frutos.
La educación no solo define lo que los estudiantes saben hoy, sino quiénes pueden ser mañana. Y ahí, como país, nos jugamos mucho más que calificaciones: nos jugamos nuestro futuro.
Referencias
[1] Megan McArdle (2025), The signs of educational decline are now impossible to ignore, The Washington Post. https://www.washingtonpost.com/opinions/2025/11/23/high-school-students-college-preparation/