Un acierto llamado planeación: Hidalgo ya no se improvisa.

Durante décadas, Hidalgo se gobernó a golpe de ocurrencia. Se invertía sin estrategia, se construía donde no había impacto social y la obra pública se medía en cemento, no en bienestar. Hoy la lógica es otra, donde la planeación estratégica dejó de ser un ejercicio de escritorio para volverse la columna vertebral de la transformación. No se trata de llenar formatos, sino de diseñar con precisión, el estado que los hidalguenses merecen y de asegurar que cada peso invertido tenga sustento técnico y rentabilidad social. 

El Plan Estatal de Desarrollo 2022-2028 no se redactó en un cubículo. Es el resultado de escuchar en el territorio y de traducir carencias históricas en indicadores medibles. Esa brújula nos ha permitido priorizar la infraestructura que transforma por encima de la obra de relumbrón. El ejemplo más claro está en materia hídrica: coordinamos proyectos por más de 500 millones de pesos para llevar agua a comunidades olvidadas durante décadas, porque sin seguridad hídrica no hay desarrollo posible, ni urbano ni industrial.

Pero una ciudad bien planeada no se agota en tuberías y vialidades. La ciudad del futuro se mide también por sus espacios públicos, con parques que enfrían el concreto, áreas verdes que captan lluvia, banquetas que invitan a caminar. Por eso acompañamos a los 84 ayuntamientos con capacitación técnica para que sus Planes de Desarrollo Urbano dejen de ser letra muerta y se conviertan en instrumentos reales para recuperar suelo, detonar parques urbanos y ordenar el crecimiento. Pachuca, Tulancingo y Tula necesitan tanto concreto como arbolado, tanto infraestructura gris como infraestructura verde.

Esa misma lógica rige la movilidad. Frente al AIFA tenemos una posición estratégica privilegiada, y la aprovechamos no con parches viales, sino con una visión de movilidad integrada: corredores logísticos, redefinición de zonas metropolitanas y conectividad regional pensada a 20 años. Por eso seguimos recorriendo el territorio, supervisando rutas y evaluando zonas industriales: porque cada tramo responde a una lógica de bienestar de largo plazo, no a la foto del sexenio.

La planeación es, en el fondo, el puente entre el deseo de cambio y la realidad de los resultados. Hidalgo ya no se improvisa, y esa decisión, discreta, técnica, a veces invisible, es la que está sentando los cimientos de un estado más justo y próspero para todos.

Miguel Ángel Tello

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